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Nacer del agua y del Espíritu

1. Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un magistrado de los judíos. 2. Este vino a Él de noche, y le dijo: Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro porque nadie puede hacer estas señales que tú haces si Dios no está con él. 3. Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo: A menos que alguno sea nacido de nuevo no puede ver el Reino de Dios 4. Le dice Nicodemo: ¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer? 5. Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo: A menos que alguno sea nacido de agua y Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. 6. Lo nacido de la carne, carne es y lo nacido del Espíritu, espíritu es. Juan 3:1-6

Cuando hablamos de nacer del agua y del Espíritu quizás muchos lo relacionan con experiencias puntuales en la vida de un cristiano, de cuando fueron bautizados, de cuando recibieron la salvación del Señor o de cuando sintieron la presencia del Espíritu Santo llenando completamente sus vidas por primera vez. ¿Será esto a lo que se refería Jesús en su conversación con Nicodemo? Para comprender a cabalidad lo que Jesús quería decir con NACER del Agua y del Espíritu, primeramente, debemos preguntarnos qué significa nacer, y más importante aún, para qué nacemos.

En la conversación de Jesús con Nicodemo en Juan 3 se nos presentan varias claves para entender esto desde el Espíritu en las palabras del Señor, y a menudo nos podemos sentir identificados con las respuestas de Nicodemo las primeras veces que leemos este pasaje.

El primer indicio de contexto lo tenemos en el versículo 1, tenemos a un hombre fariseo, estudioso erudito de la ley y “conocedor” de las cosas de Dios, con un nombre griego que significa Pueblo Victorioso. Luego en el versículo 2 vemos a este hombre acercándose al Señor en medio de la noche, con discreción, a confesarle que sabe en el fondo de su ser que hay algo distinto en Jesús, un respaldo de Dios que no ha podido encontrar en sus muchos estudios de la ley, en sus buenas obras, o en la identidad sin descubrir de su nombre. En este punto, Nicodemo da una señal de desorientación al acercarse al Señor y decir que sabe que Jesús ha venido de Dios como maestro, no porque Cristo no sea maestro, sino porque es lo único que logra ver hasta este punto en Jesús, el respaldo que Dios le da por medio de los milagros hechos por su mano en una labor que el mismo Nicodemo ejerce (maestro), pero sin ese respaldo divino que ve en Jesús.

En el versículo 3 se genera el GRAN rompimiento en la mente de nuestro amigo Nicodemo. Jesús le responde algo aparentemente desconectado de lo que Nicodemo le habló, sin embargo, Jesús fue directo al punto en cuestión revelando que a menos que nazca de nuevo, no podrá ver el reino de Dios. Con esta respuesta el Señor apunta a la visión que tenía Nicodemo, no podía ver el reino de Dios que estaba frente a él, no podía ver que estaba hablando con el mismo reino de Dios, sólo podía ver a un maestro con un respaldo sobrenatural en lugar de ver al mismísimo Rey.

Nicodemo, aún sin agarrar una de este lenguaje tan nuevo para él, se apresura en responder lo más lógico de la mente natural, y esta vez mostrando un indicio más de la visión que tenía de si mismo “¿Podrá un hombre ya viejo volver a nacer?” Ante esta pregunta, la respuesta del Señor parece ser similar a la anterior, pero con un significado mucho más completo de lo que significa NACER. El Señor responde “A menos que alguno sea nacido de agua y Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.” Así como aquel que no ha nacido no puede decir que ha vivido a plenitud su vida, aquellos que no han nacido del agua y del Espíritu no pueden decir que han vivido a plenitud su vida de Hijos de Dios, por muy viejos que se sientan, acumulando conocimientos sin ver un fruto vivo de ellos, insatisfechos a mitad de la noche por la sensación de que hay más de lo que han conocido o lo que les han contado, ya que vivir la vida del Espíritu ES vivir el reino de Dios.

Jesús vuelve a añadir una vez más, “lo que es nacido de la carne, carne es, y lo nacido del Espíritu, espíritu es”. No perdamos de vista que el Señor le dice esto a un maestro de la ley, una persona con mucho conocimiento natural, pero que muestra tener poca vida del Espíritu, sin embargo, en su búsqueda genuina de agradar a Dios recibe un impulso de acercarse al Señor y tener una conversación que lo sacia de un agua viva capaz de abrir la semilla por nacer que estaba en él, de aquel hombre diseñado para levantarse como un Pueblo Victorioso que ha visto al Rey de reyes sentado en el trono, y que ha entrado a su presencia dispuesto a estimar todas las cosas por basura con tal de alcanzar el conocimiento de Cristo Jesús y ser hallado en Él, no teniendo su propia justicia que procede de la ley, sino la que es mediante de la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios basada en la fe.

¿Qué es nacer de nuevo, nacer del agua y del Espíritu? Para mi es ser dado a Luz al Reino de Dios en la vida del Hijo, el cual es nuestra agua viva y por quien recibimos Su Espíritu que clama en nosotros ABBA Padre para conectarnos con la realidad presente y eterna del cielo al Conocer realmente a Jesucristo. Nacer de nuevo es rendir todo lo que no procede del Espíritu, soltar los sustitutos de la verdadera vida en Cristo y estar dispuestos creer al Espíritu del Señor en todo. Esta es la puerta para comenzar a vivir la verdadera vida, la vida conociendo el reino en la persona de Jesucristo.

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